08 diciembre 2019
Recomendaciones para viajar a Japón
Después de haber estado varias veces en Japón -la última durante dos meses- me atrevo a dar unas recomendaciones para viajeros que debutan con este país.
Aquí van, pues, mis consejos para viajar a Japón.
Mucho de lo que encontréis aquí aparecerá también en una
buena guía de viajes, pero este artículo puede daros una idea de lo más
esencial, sin tener que dedicarle tanto tiempo.
Aquí nos centraremos en las cuestiones más operativas
(consejos generales, atractivos, transportes, alojamiento, comida, dinero,
caro-barato, comunicación, compras y fechas), sin entrar tanto a valorar los
posibles destinos.
CONSEJOS GENERALES
Leer previamente y llevar una guía de viajes tipo Lonely
Planet o similar -en papel- es muy recomendable, porque la información online
está poco estructurada. Cuanto más reciente sea la edición de la guía, mejor, aunque
en Japón no hay tantos cambios como en otros países. Internet es el complemento
perfecto para informarse más a fondo sobre los destinos más habituales, sobre
un interés particular y, sobre todo, si queréis ir a lugares menos visitados.
Los japoneses planifican bastante, así que vale la pena
avanzar con las reservas de alojamiento para quien quiera estar en un
hotel/hostal/ryokan mejor que la media (los sitios buenos se reservan antes con
independencia del precio).
Mirad bien las fechas de las festividades japonesas -para
bien y para mal- antes de viajar.
Comprar el Japan Rail Pass antes de viajar a Japón.
Puede ser útil comprar una tarjeta SIM de datos para no
tener que confiar siempre en las redes wifi.
Puede estar bien llevar billetes (yenes o moneda
internacional -euros, dólares…-) porque algunas tarjetas internacionales no
acaban de funcionar.
Es muy recomendable llevarse algún adaptador de enchufe (en
Japón los enchufes son de dos agujeros planos, como en EEUU).
Desde España actualmente no hace falta visado para ir a Japón, pero puede no ser así para otros países.
Desde España actualmente no hace falta visado para ir a Japón, pero puede no ser así para otros países.
ATRACTIVOS Y VISITAS
No entraré a detallar los lugares de interés en Japón porque
no los conozco todos, pero sí os diré que investigando un poco difícilmente os
equivocaréis. Hay algo al gusto de cada uno, desde lo más tradicional hasta lo
más moderno y lo más freakie.
Japón tiene, para mi, un atractivo especial que es un poco
independiente de adonde uno vaya: su manera de vivir y de hacer las cosas. Esto
es algo que no sucede siempre en los países a los que uno viaja.
Para exponerse al máximo a todo ello recomiendo mucho:
- Alojarse en algún ryokan (hotel de estilo japonés donde se
duerme en un futón, sobre un suelo de tatami), idealmente con la cena y el
desayuno incluidos. El baño del ryokan suele estar fuera de la habitación y ser
compartido.
- Ir alguna vez a un onsen (aguas termales, separadas por
sexos).
- Viajar en tren y comprarse un bentoo en la propia estación
para comerlo durante el trayecto.
Más allá de esto, no hará falta gran cosa para que os
encontréis la cultura japonesa en su máxima expresión en templos, trenes,
restaurantes, lavabos (¡!) y todo tipo de lugares.
Si uno quiere ir un paso más allá puede alojarse en un
templo, dormir una noche en un hotel-cápsula, asistir a la ceremonia del té o,
por ejemplo, desayunar natto (una especie de judías fermentadas unidas por una
masa entre gelatinosa y chicletosa). Acabarse todo el natto equivaldría a un
máster en cultura japonesa.
Si queréis ver el Monte Fuji -Fuji San- y no conformaros con
ver nubes, vuestras posibilidades aumentarán cuanto más os acerquéis y estando
allí a primera hora de la mañana (lo que equivaldría a dormir en la zona de los
cinco lagos u otra zona cercana). Se puede ir al Fuji en una escapada rápida
desde Tokyo, también, aunque el riesgo de no verlo es mayor; el tren está
incluido con el Japan Rail Pass (ver abajo), el autobús no.
TRANSPORTES
El tren es EL medio de transporte en Japón y particularmente
el shinkansen -tren bala-.
El Japan Rail Pass -un abono para viajar una, dos o tres
semanas por Japón en tren- es prácticamente imprescindible, a menos que uno no
quiera moverse de Tokyo y sus alrededores. Al precio que van los trenes aquí,
el JRP se amortiza rápido.
El JRP solo se puede comprar desde fuera de Japón,
idealmente en vuestro país de origen, y nada impide comprar varios.
En Tokyo, el JRP sirve para ir/volver de los aeropuertos y
para un par de líneas de tren que recorren la ciudad (la Yamanote y la Chuo) y
que unen varios de los puntos principales. Así se ahorra dinero en metro. Basta
con enseñarlo al entrar y salir del recinto del tren. No sale a cuenta alargar
el JRP para que cubra vuestros días en Tokyo, pero vale la pena usarlo para los
días sobrantes.
Si pretendéis usar el JRP para ir del aeropuerto a Tokyo al
llegar al país es posible que tengáis que hacer una cola considerable para
“activarlo”. Según el nivel de vuestro agotamiento y de vuestra economía
(hablamos de 2.000-3.000 yenes por persona), puede que no os compense.
Hay casos particulares -trenes no cubiertos por el JRP o
autobuses sí cubiertos- pero son la excepción.
La activación del JRP solo se puede hacer en lugares
determinados (muy pocas estaciones de tren o aeropuertos) que aparecen bien
indicados en la documentación que os entregarán.
No hay que perder el JRP, porque no lo reponen.
En Tokyo vale la pena sacarse una tarjeta tipo PASMO (o Suica, u otra) en
cualquier estación de metro, porque facilita mucho el pago de los transportes.
Podréis usarla durante todo el viaje. Los 500 yenes de depósito los recuperas
al devolverla, igual que el saldo que quede en la tarjeta. Esta se puede
recargar fácilmente en las estaciones de metro, idealmente con billetes de
yenes. Cada vez que entras o sales del metro tienes que pasar la tarjeta por un
lector que te indicará el saldo que te queda.
La tarjeta PASMO también sirve para pagar muchas otras
cosas, como autobuses en gran parte del país, trenes que no pertenecen a Japan
Railways, máquinas de bebidas, tiendas de conveniencia y un largo etcétera.
Facilita mucho las cosas y es muy recomendable.
No es estrictamente necesario reservar plaza en los trenes
shinkansen (trenes rápidos de larga distancia): podéis simplemente presentaros
en la estación poco antes de la salida.
Sin embargo, es recomendable reservar asiento:
- Si queréis viajar todos juntos o tener un asiento con
ventana,
- Si no queréis asumir el pequeño riesgo de viajar de pie,
- Porque algunos trenes no se pueden usar con el JRP: así
evitáis una sorpresa desagradable al llegar a la estación.
Reservar asientos en un tren determinado es un trámite
sencillo y rápido que se puede hacer en cualquier estación de tren. También se
puede hacer en el momento de activar vuestro JRP.
La aplicación Hyperdia -descargable en el móvil de forma
gratuita y válida durante 30 días- está muy bien para mirar horarios de los
trenes. Es una buena indicación sobre la duración de los trayectos, aunque
puede proponeros trenes donde vuestro JRP no sea válido.
Para ver posibles rutas en transporte público dentro de una
ciudad -Tokyo, Kyoto, incluidos autobuses y metros-, Google Maps acierta
bastante.
La posibilidad de descargarse toda una zona -mapas offline
de Google, por ejemplo- no suele funcionar en Japón, pero lo último que hayáis
mirado seguirá disponible.
Familiarizarse con los trenes no reviste demasiada
complicación y siempre hay alguien que puede echar una mano.
El metro de Tokyo, en cambio, puede costar un poquito más de
buen principio, sobre todo si hay mucha gente. Es recomendable no empezar
usándolo en hora punta, donde uno podrá comprobar de primera mano en qué
consiste la profesión de “empujador cierra-puertas” (toda una experiencia).
Las estaciones de metro de Tokyo están numeradas (por
ejemplo, JY17 o U3), lo cual facilita las cosas.
ALOJAMIENTO
Las webs de restaurantes internacionales no funcionan tan
bien en Japón, pero las de hoteles (Booking.com, Trivago.com, Expedia.com) sí, y podréis
reservar desde fuera o desde dentro del país, a menudo dejando la habitación ya
pagada.
Aparte, hay webs específicas para ryokans u hoteles con
encanto (Japanican.com, www.ryokan.or.jp/english, etc.)
Airbnb también funciona bien en Japón y puede ser una buena
opción, por ejemplo en Tokyo.
Como os decía, alojarse en un ryokan tradicional y
cenar+desayunar allí es un requisito esencial para la inmersión en la cultura
de este país. También están los minshukus, que suelen ser más económicos. En la mayor parte de ryokan los baños son compartidos y están fuera de la habitación.
Por lo demás, uno puede encontrar todo tipo de alojamientos,
empezando por los típicos hoteles de estilo occidental y acabando en los
hoteles-cápsula, que es un alojamiento algo freakie y poco aconsejable para los
que sufran claustrofobia. Es una experiencia curiosa y barata, ideal para los
que viajan solos.
Los alojamientos en Tokyo -y en menor medida en Kyoto-
suelen ser bastante más caros que en otros lugares. Por lo tanto, si uno quiere
permitirse un pequeño lujo (un buen ryokan, por ejemplo), su dinero le cundirá
mucho más fuera de la capital.
En Tokyo gran parte de las habitaciones son pequeñas o
incluso muy pequeñas. La ubicación no es tan importante porque el sistema de
transportes es excelente, siempre que uno esté cerca de alguna estación de
metro o tren.
COMIDA
La comida es uno de los grandes atractivos de este glotón
país.
Aquí los restaurantes suelen dedicarse a una sola
especialidad, especialmente cuando son buenos: fideos ramen/soba/udon, tonkatsu
-carne rebozada-, tempura, sushi, curry -sí, tienen sus propios curries de
carne-, yakitori/pinchos, etc. Hay muchos tipos de cocina y el pescado crudo no
tiene un papel tan preponderante como algunos podrían pensar.
Hay también muchos restaurantes que sirven casi de todo y
que a menudo se reconocen porque tienen réplicas de los platos en el mostrador
de la calle.
Los izakayas -sitios donde sirven platos habitualmente
pequeños, muy variados, así como bebidas alcohólicas-, en que suele haber un
ambiente animado por las noches, están bien para quien viaja sin niños.
En Japón se puede comer bien en toda la gama de precios, a
veces empezando en bastante menos de 1.000 yenes (fideos y otros).
En el otro extremo, se puede probar la cocina kaiseki en
Kyoto, que vendría a ser un menú de degustación adaptado a cada estación del
año con todo muy bien presentado.
Tokyo es la mayor metrópolis del mundo y el poder
adquisitivo es elevadísimo. Por lo tanto, difícilmente hay una especialidad
culinaria internacional que no podáis probar aquí.
Lógicamente, hay que adaptarse a los horarios locales si uno
no quiere encontrarlo todo cerrado. Es habitual comer en torno a las 12h y
cenar en torno a las 19.30h.
Comerse un triangulito de alga y arroz relleno de algo
(carne, pescado, vegetales) es una experiencia muy nipona y os puede sacar de
un pequeño apuro alimenticio. Los encontraréis en la sección de nevera de todas
las tiendas de conveniencia (7-11, Lawson, Family Mart).
Si queréis exponeros a la experiencia gastronómica japonesa,
más allá del sushi, yo os recomendaría probar el sukiyaki o el shabu-shabu
(carne que se cuece en una especie de caldo), algún tipo de fideos y el unagi
(anguila a la brasa sobre una base de arroz), por citar unos pocos.
Es habitual que algunos platos vayan acompañados de un bol
de arroz, una sopa de miso y una ración micro de vegetales encurtidos (se
maceraron en vinagre desde antes de morir la abuela del propietario).
Las APPs de restaurantes que mejor funcionan están en
japonés. Algunas de las que más se usan en el mundo occidental tienen poca implantación
en Japón, de ahí que tener una guía en papel o preguntar a la gente del
hotel-ryokan pueda ser una buena estrategia. Ello no impide ver las reseñas de
Google, por ejemplo.
Hay máquinas de bebidas literalmente por todas partes.
Funcionan con monedas y también con tarjetas de transporte recargables como la
PASMO.
Debe haber una máquina de bebidas por cada diez habitantes
de este país.
Si encontráis una papelera en Japón, no la dejéis escapar:
son una rara avis, excepto en las estaciones de tren.
DINERO
Aquí todo se paga en yenes.
Una opción es comprar yenes en vuestro país de origen,
aunque suele ser una opción cara.
Una buena opción es pagar con tarjeta, idealmente de débito
(aunque os carguen una comisión de cambio). Perderéis en total cerca de un
4% respecto al supuesto cambio del día que podáis encontrar por internet.
Aunque confiéis en vuestra tarjeta, llevar algo de efectivo de vuestro país (euro, dólar, pound, franco suizo u otras monedas “fuertes”) es una buena opción en Japón:
- Porque difícilmente os lo van a robar,
- Porque (buscando un poco) podéis encontrar lugares con
tipos de cambio razonables (otros no).
El tipo de cambio varía mucho entre unos sitios y otros: comparad.
Mejor llevad a Japón, si tenéis, varias tarjetas internacionales (MasterCard, VISA…), por si alguna no funciona.
Mejor llevad a Japón, si tenéis, varias tarjetas internacionales (MasterCard, VISA…), por si alguna no funciona.
Otra opción es sacar dinero en yenes con vuestra tarjeta.
Los cajeros de Seven Eleven son la opción más barata de las que yo probé. Sí,
quizás perdéis un 4,5% respecto al cambio del día que os muestra Google, pero
es que ese cambio guarda muy poca relación con la vida del humilde viajero.
En Tokyo os aceptarán la tarjeta en la mayor parte de
lugares, excepto chiringuitos de tercer orden.
En otras ciudades o pueblos es bastante habitual que os
pidan que paguéis en efectivo (cash).
Los billetes japoneses no hay que doblarlos mucho, que el
pueblo nipón los cuida con mucho cariño.
CARO-BARATO
El transporte es, por lo general, caro, incluso muy caro en
el caso de los trenes rápidos. De ahí la importancia de tener el JRP.
La comida no es cara y existe literalmente toda la gama de precios,
desde 500 hasta infinitos yenes por comida.
El alojamiento es tirando a caro, especialmente en Tokyo
(muy caro), pero uno puede escaparse si no tiene manías (habitaciones
compartidas, hoteles-cápsula, etc.).
La fruta es carísima, casi prohibitiva, a menos que estéis
en el pueblecito donde se cosechan las mandarinas en cuestión.
El precio de las entradas a templos y museos entra en el
rango de lo aceptable.
Obviamente, según de donde uno venga todo parecerá muy caro.
COMUNICACIÓN
En Japón se usa un idioma llamado japonés y la mayor parte
de la población lo habla con fluidez.
Afortunadamente, en los principales lugares habrá alguien
que hable inglés. También en los trenes y metros, incluso autobuses, suele
haber mensajes en inglés y textos en alfabeto occidental.
Para quien no hable inglés, una mínima comunicación puede
ser posible porque la gente es por lo general amable.
Podéis usar Google Translate -por voz- o alguna otra
aplicación de traducción para comunicaros, sobre todo si tenéis datos en el móvil
Hay wifi gratuito en muchos sitios: todos los hoteles,
lugares concurridos, trenes rápidos, restaurantes, tiendas de conveniencia,
museos, etc., aunque a veces no son del todo fiables.
También hay tarjetas SIM japonesas que se pueden comprar y
que permiten disponer de datos en el móvil (3 Gigabytes de datos a consumir en
30 días, por ejemplo), para estar seguros de poder acceder a la red en todo
momento (por ejemplo, si se alquila un coche y se quiere usar el GPS del
móvil). Algunas, incluso, se pueden comprar desde el país de origen.
Algunos hoteles o airbnb de los más modernos ofrecen una
especie de emisores wifi que uno se puede llevar con sigo y que le dan
cobertura wifi como si no hubiese salido de la habitación de su hotel.
Tener internet en todo momento no es estrictamente necesario
pero puede ayudar más en la medida en que uno improvise (cómo ir de aquí allí,
cómo volver al hotel, qué horario tiene ese templo, usar los mapas del móvil al
conducir...).
No activéis los datos móviles de vuestro móvil “de casa” si
no queréis volver aún más pobres de lo que os fuisteis.
COMPRAS EN JAPÓN
Compradlo en vuestro país: os saldrá más barato.
FECHAS
Si exceptuamos Hokkaido -muy frío- y todas las islitas de
Okinawa y alrededores -cálido-, las otras tres islas principales de Japón
tienen un clima relativamente parecido al de Europa Occidental. En verano hará
mucho calor y en invierno puede llegar a hacer mucho frío. Cuanto más al norte
se vaya y más se suba a las montañas más frío hará, lógicamente.
La primavera y el otoño pueden tener temperaturas más
agradables y más moderadas que las otras dos estaciones.
Hay que tener en cuenta las festividades locales (festivales
-matsuris-, florecimiento del cerezo -sakura-, el cambio de color de los
árboles en otoño...) porque los japoneses se desplazan en masa y literalmente
pueden llegar a reservarlo todo, además de subir los precios.
Yo intentaría no visitar Kyoto o la antigua capital de Nara
en fin de semana, porque habrá aún más gente de la habitual
COMPRAS EN JAPÓN - 2
Las compras no son mi fuerte pero, pensándolo mejor, quizás
sí hay cosas que se pueden comprar en Japón.
Para los amantes de las marcas y el lujo, prácticamente no
hay nada que no se pueda encontrar, porque están todas las marcas
internacionales. Eso sí, los precios no serán bajos.
Para el resto de los mortales, quizás podáis comprar té
verde, reproducciones de cuadros o caligrafía japoneses, palillos para comer,
cajas bentoo para llevar la comida del día, comics/manga y gadgets varios.
También se puede comprar ropa de gama media en Uniqlo, por ejemplo, donde hay
más variedad que en otros países.
Tokyu Hands no está mal para gadgets de cocina y un sinfín
de cosas más. Muji puede serviros para comprar aquellas cosas que creeréis
necesitar y que acabaréis dejando en el fondo de un cajón.
Personalmente, para regalos o para uno mismo, me gusta la
tienda del Tokyo National Museum, en el parque de Ueno. Si os gusta la estética
japonesa es posible que encontréis algo.
OTROS CONSEJOS
Aprenderse cuatro palabritas tipo konnichiwa, arigatoo,
sumimasen, sayoonara y similares siempre es útil y será muy agradecido por el
interlocutor nipón.
Es aconsejable guardar las distancias y expresar las cosas
de manera moderada con este reservado pueblo: no tocar a nadie, hablar desde
una cierta distancia, hacer preguntas que no comprometan (por ejemplo, es mejor
“Excuse me, can you help me?” que el clásico “Do you speak English?” al que,
debido a su humildad, pueden contestar que no).
En Japón sí podéis bajar bastante la guardia: si un japonés pretende
deciros algo o alterar vuestros planes, casi seguro que será para ayudaros. No
puede decirse lo mismo de todos los países del mundo, tristemente.
En Japón no se dejan propinas, por cierto: es
duro pero se acaba superando.
Tiendas de conveniencia: están literalmente por
todas partes y hay tres cadenas principales (Seven Eleven, Lawson y Family
Mart). Pueden sacaros de un apuro -alimenticio o no- a cualquier hora del día,
tienen cajero ATM para sacar dinero con tarjetas internacionales y normalmente wifi
gratis sin necesidad de entrar en la tienda.
No es necesario que comáis mucho arroz los días
antes de viajar a Japón.
07 diciembre 2019
Curso acelerado de cultura japonesa IV. Hoy: cómo quedarse en Tokyo sin un lugar donde dormir y últimas aventuras niponas
Con el dueño de nuestra casa rural, en una zona
algo aíslada al este de la isla de Honshu
Hola amigos,
Dos
meses parece mucho tiempo pero, como era de esperar, han pasado bastante rápido.
Mi viaje está a punto de tocar a su fin. De hecho, ojalá lo hiciese, porque las
horas de avión que me quedan por delante me las ahorraría gustoso.
Después
de Kyoto cruzamos en un día la mitad del país y nos plantamos casi en el
extremo noreste de la isla principal de Japón, en una especie de casa rural no
muy lejos de un lugar de escaso interés llamado Ichinoseki. Cómo se me ocurrió reservar tres
noches allí y cómo se me ocurrió buscar una especie de granja es algo que
todavía hoy escapa a mi comprensión. Soy un romántico. El hecho es que nos
encontramos a eso de las 7 de la tarde bajándonos de un autobús junto a una
pequeña carretera, bien entrada la noche y con la única luz de mi teléfono
móvil, teniendo que buscar la granja en cuestión. Yo me había bajado un mapa de
la zona en los mapas del móvil, pero resultó no ser cien por cien preciso. Tras
arrastrar nuestras maletas por unos caminos pedregosos durante unos quince
minutos en la más absoluta oscuridad (la noche puede ser muy negra cuando no
hay iluminación), llegamos finalmente a un punto sobre el papel muy cercano a
nuestro destino pero sin rastro alguno de la granja en cuestión. Dejé a mi
acompañante con las maletas en la más negra negritud y me acerqué a lo que parecía otra granja
–diferente a las fotos que yo había visto- donde, tras varios intentos,
conseguí que finalmente saliese una señora mayor que no hablaba mi idioma ni
sabía nada de una casa rural por la zona. Después de mucho insistir, la señora
consiguió que su nieta saliese de su habitación. Y fue la nieta la que, leyendo
la información de mi móvil, identificó la granja y se lo explicó a la abuela,
que finalmente nos mostró el camino.

Nuestra granja rural

Nuestra señora rural

Primera cena en la casa rural, junto a un pequeño
fuego tradicional (hacía fresquete): nos trataban la mar de bien
Realmente
fue un poco aventurado plantarse en un lugar así sin coche. No solo por el cómo
llegar, sino por el qué hacer durante nuestros tres días allí. Suerte tuvimos
de que la casa rural la regentaba una pareja de abuelitos encantadores, que nos
cuidaron y nos pasearon. Preocupados por que nos pudiésemos aburrir, nos
llevaron a ver un templo budista cercano y un museo sobre cómo se habían
cargado a todos los evangelizadores cristianos de la zona unos siglos antes.
Ambas cosas resultaron muy interesantes y de hecho al templo budista fuimos un
par de veces porque su monje principal –y único- era muy majete. En el museo
sobre el exterminio de los cristianos nos pusieron un vídeo en japonés donde se
veía toda la historia, desde que unos curas con nombres y apellidos catalanes
se plantaron allí hasta que les acabaron liquidando a todos. Aún sin entender
apenas nada del idioma, las imágenes eran suficientemente gráficas y la
historia lo bastante común como para hacerse una idea. Esta vez fueron los
cristianos los que se llevaron la peor parte, después de haber ido
aparentemente con las mejores intenciones y no haber hecho nada malo.

Cómo distinguir a los monjes agustinos, dominicos y jesuítas
(yo les reconocería a ciegas, pero los japoneses necesitan un croquis)
Mi
acompañante no estaba demasiado fina de salud esos días, así que entre las tres
visitas, comer, el baño caliente de la noche, dormir mucho, intentar entendernos
con los abueletes de la casa y un pequeño paseo el último día se nos pasó la
escapada en un santiamén. La casa donde dormíamos era una típica casucha
campestre japonesa la mar de bonita donde la pareja había decidido irse a vivir
hacía quizás un par de décadas, dedicados al cuidado de una docena de vacas. A
raíz del tsunami y de la enfermedad de las ‘vacas locas’ de unos años antes les
prohibieron seguir teniendo las vacas, momento en que decidieron montar la casa
rural y dedicarse a cuidar de su huerto y sus árboles (caquis, nueces, etc.).

Nuestra amplia habitación en la casa rural, con la
estufa salvadora al fondo

Entrada a nuestra granja rural

Exteriores de la granja

Arrozales con el arroz en sus diversas fases,
cerca de la casa de campo
Y de
allí a Tokyo, donde pasamos cinco días, interrumpidos por una escapada a la
zona del Monte Fuji que no podría haber salido mejor. En la capital teníamos un
pequeñísimo apartamentito de un solo ambiente y un mini-baño en una zona no muy
lejana a Shinjuku; de hecho, estaba en el barrio del mismo nombre, pero las
dimensiones de esta ciudad son tan exageradas que teníamos varias paradas de
metro para llegar a la estación de Shinjuku. Tener nuestro propio espacio, en
este caso alquilado por airbnb, fue un acierto y nos sentimos como en casa. De
hecho tres de las noches cenamos en el apartamento, literalmente a escasos dos
centímetros de la cama.
Cenar en nuestro apartamento de Shinjuku no necesariamente
implicaba tener que cocinar durante largas horas
Cuando
mi estimada acompañante tomó su vuelo de vuelta yo me quedé en la capital sin
planes, puesto que no había previsto qué haría, tan dedicado como estaba a ella.
Y allí fue cuando estuve muy a punto de pasar una noche sin una cama donde
dormir. El problema se planteó la segunda noche, en que coincidieron la final
del mundial de rugby –que se disputaba en Tokyo y de la cual yo era conocedor-
con un puente de cuatro días que tenía todo el pueblo japonés y del cual un
servidor no sabía nada. Por la mañana, antes de hacer el check-out del hotel
donde estaba, decidí buscar alojamiento y no me aparecía nada, hasta el punto
que pensé que la web de Booking estaba estropeada. Apenas me aparecía una
habitación compatida para chicas en un albergue y una habitación de 1.500 euros
en un hotel. Y lo mismo pasaba con otras
webs de reservas y ‘metabuscadores’. ¿Cómo era posible en una ciudad que debe tener
más de un millón de camas? Algo confundido,
decidí buscar en airbnb (casas particulares) y sucedía lo mismo: había alguna
cosa, pero las pocas que parecían aceptables no contestaron a mi solicitud en
dos o tres horas. Lo gracioso es que en otras ciudades japonesas (nada me
obligaba a quedarme en Tokyo) pasaba más o menos lo mismo. Fue en ese momento
cuando, busca que busca, descubrí que era festivo y que decenas de millones de
japoneses habían reservado TODOS los alojamientos existentes. Por resumir un
poco la historia, acabé reservando en un lugar que apareció súbitamente en mi
enésima búsqueda en Booking y que no sabía ni donde estaba, pero sí que estaba
en un área que todavía se llamaba Tokyo. Acabé presentándome allí con mi
reserva a las 5 de la tarde y no había nadie. Al final, al cabo de diez minutos
de esperar en la calle apareció una chica que me dijo, literalmente, que “esta
habitación ya está ocupada” y que me buscase otra cosa, que ese día estaba todo
muy lleno. Habiendo dedicado la mayor parte del día a buscar alojamiento con muy
escaso éxito y sabiendo cómo estaban las cosas, decidí que no me iría de allí
sin nada y le dije a la chica que eran ellos los que me habían dejado sin
habitación y –con muy buenas maneras- que allí me quedaría hasta que me diesen
una solución. Finalmente la chica, que inicialmente parecía poco dispuesta a
colaborar, hizo varias llamadas y acabó encontrándome una cama en un lugar “en
construcción, sin agua caliente ni wifi”. Pensé que por una noche no sería el
fin del mundo y que siempre sería mejor que dormir en una cafetería, en el
metro o en un café-internet. Al final, después de pasar por un lugar bastante
cutre, me acabaron alojando en un sitio la mar de correcto, donde las amenazas
del “en construcción”, del agua caliente y del wifi acabaron revelándose
falsas. Me sentí tratado como una mercancía en busca de almacén y tuve la
extrañísima sensación de que una metrópolis de más de 30 millones de habitantes
no tenía una cama para mi. Es algo que nunca me había pasado.
La noche antes de quedarme sin alojamiento en Tokyo:
la recepción de mi hotel estaba en la planta 20 de un edificio
Sabía
que mi viaje acabaría con tres días en Fukuoka, para asistir al tradicional
campeonato de sumo de noviembre y de dos últimas noches en Tokyo antes de mi
vuelta a casa.
Me
faltaba, sin embargo, decidir la antepenúltima etapa de mi viaje, que eran unos
5 o 6 días. Al final, decidí ir a la única de las cuatro grandes islas de Japón
donde no había estado nunca, Shikoku, y repetir la idea de ir a un lugar de
playa y hacer surf.
Me
planté pues, tras muchas horas de trenes y más trenes, en un lugar llamado
Shishikui que el vendedor de billetes de tren de Tokyo no había oído mencionar
en su vida. Y como en Shishikui no había olas –los tifones se habían llevado la
arena y con ella las olas-, acabé en un lugar cercano, llamado Ikumi, que
vendría a ser una de las capitales del surf de la isla de Shikoku. Las
condiciones de mi surf de noviembre no fueron tan propicias como las de mi
anterior experiencia surfera –octubre en Aoshima-, porque las olas eran demasiado
para mi, así que acabé en otra playa donde las olas eran pequeñitas. Aparte, ya
hacía más frío y tuve que usar neopreno. A pesar de todo, las condiciones eran buenas
para aprender, teniendo en cuenta que mi técnica no es técnica ni es nada. Si a
ello le sumamos que el primer día pude surfear en la playa “con los mayores” y
surfear un par de horas considerables, la experiencia global fue bastante
buena. Mi habitación en Ikumi estaba bien, en el Minshuku Ikumi –yo diría que
un minshuku es como un ryokan sencillito-, regentado por un surfero ya muy
mayorcito llamado Ten San (“señor Ten”), un tipo encantador que me acompañaba
en coche a la playa de los principiantes y luego me iba a buscar. Tenía el
minshuku totalmente destartalado –no tiraba nada y lo tenía lleno de trastos-,
pero a los surferos estas cosas no nos importan. Aparte, en el minshuku estaba Lukas, una chico
suizo bastante majete que también había ido por el surf, con el que hablamos
bastante y cenamos un par de noches.
Hubiese
estado bien tener el carnet de conducir internacional y haber podido alquilar
algún coche durante este viaje; eso ya lo sabía antes de venir. De hecho lo
intenté, pero Tráfico y su burocracia hispánica fueron incapaces de darme cita
en un plazo de más de dos semanas y en varias jefaturas distintas –cuando se
supone que es un trámite que se tiene que poder hacer rápido-.
Los
tres días en Fukuoka estuvieron muy bien: me paseé bastante por la ciudad
–bastante agradable- y pude asistir dos días al campeonato de sumo, con unas
entradas compradas dos meses antes. Ya había estado más de diez años atrás en
un campeonato de sumo y es un deporte que me gusta; los rituales y ceremonias,
la estética y, sobre todo, la intensidad: cada combate se decide en unos pocos
segundos. Los luchadores, algunos muy famosos, entran por el mismo sitio que
los demás mortales, de manera que uno puede verles de cerca si está dispuesto a
esperar y se ubica de manera ordenada en unos espacios específicos.
Van llegando los luchadores más populares al estadio de sumo de Fukuoka
Los luchadores de sumo son tirando a gordunos, sobre todo los güenos

Lo dicho
Una especie de "momento publicitario" previo a los combates de sumo
Y de
ahí a Tokyo, donde pasé las dos últimas noches de mi viaje, esta vez en una
especie de aparthotel tipo business en la tradicional zona de Asakusa. Muy correcto y bien ubicado.
Y
hasta aquí mi viaje de dos meses al país del orden, la puntualidad y el respeto
por las normas y las personas. El país donde la tecnología y el diseño útil
llegan hasta donde uno no lo esperaría. El país –cada vez más una excepción-
donde uno siempre puede moverse tranquilo a cualquier hora del día. El país del
manga, los videojuegos, los disfraces y algunas de las mayores rarezas y freakadas que uno pueda imaginar. El
país donde uno puede dormir en una cápsula o alojarse en un hotel
donde todo está automatizado y no hay que hacer check-out. El país donde el
tiempo y el espacio son particularmente escasos y donde casi todo funciona como
un reloj. El país, al mismo tiempo, de la ceremonia del té, los templos
sintoistas y budistas, los baños en aguas termales y donde muchas mujeres se
pasean, sobre todo en días de fiesta, con ropas tradicionales. El país, en
definitiva, donde los japoneses viven a su modo sin por ello dejar de estar
abiertos al resto del mundo.
Me
voy, una vez más, sin hablar el idioma, pero esta vez al menos pudiendo leer
algunas cosas y –sobre todo- pudiendo expresar en su idioma algunas ideas muy
básicas.
Espero
volver (a casa no; a Japón).
Sayoonara
De camino a mi segunda etapa surfera pasé por Takamatsu (isla de Shikoku)
y visité el famoso jardín de Ritsurin, muy bonico
Parte de la gracia de Fukuoka está en sus canales y en el hecho de que está
abierta al mar. De hecho, no está demasiado lejos de Corea.
Las estrellas del sumo, en formato postal
El menú del día, en un restaurante de tempura junto al templo de Asakusa
Haciendo amigos a pesar del idioma
Paisaje tokyota
Turisteando por la zona de Asakusa, en Tokyo
No hace falta hablar japonés para saber qué comer:
la industria de las réplicas está muy extendida y perfeccionada
La Tokyo Skytree, desde abajo
La Tokyo Skytree, desde arriba (unos 350 metros): vistas de parte de la ciudad
Escena costumbrista del metro de Tokyo
Un recuerdo imborreibol del monte Fuji
Fantástica cena en nuestro hotel en Kawaguchiko, cerca del Fuji
El Fuji a media mañana, ya con ganas de esconderse
En un tradicional restaurante de unagi (anguila), en Tokyo
Con la dueña de las anguilas. Su marido nos explicó todo el proceso
de preparación de la anguila: desde que nadaban plácidamente
en unos cubos de madera hasta que acabaron en nuestro plato
El famoso cruce de Shibuya (Tokyo), totalmente intransitable el día de Thanksgiving
En Tokyo hay gente para todo
Última foto del viaje: las escaleras mecánicas transportando
el carrito del aeropuerto con mis maletas