20 enero 2008
La mina engancha. Paseíllo por la Costa Verde de Río de Janeiro y Minas Gerais.
Río de Janeiro es muy bonito, pero aún debía serlo mucho más antes de que algunos le tomaran gusto al lugar y la ciudad se pusiera de moda. El paraje, con los verdes montes junto al mar y las islitas, debía ser espectacular sin tantas construcciones. En cierto modo, aún sigue siéndolo.
Una oportunidad de hacerse una idea de la belleza natural de la zona es ir a otros lugares de la costa del estado de Río de Janeiro, como por ejemplo a la célebre Costa Verde, que está al suroeste de Río.
(la última playa de Trindade, fantástica)
En Paraty hacía un calor de muerte así que fuimos fieles a nuestros planes y nos fuimos de buena manyana a la playita. Cerca de la ciudad hay varias muy recomendadas, incluídas varias a las que solo se puede acceder en barco. Nosotros nos fuimos, por tierra, aún un poco más al sur, en concreto a la última playa de Trindade (al parecer hay cuatro), que nos gustó mucho: un paisaje fantástico, poca gente, el agua a la temperatura ideal (58 grados Zurbriggen), oleaje correcto. Trindade, que me habían recomendado mucho, me gustó particularmente.
(para los que hablen catalán: una área de servicio de carretera con todo lo necesario)
Minas Gerais (Minas Generales) es, como su nombre indica, el estado donde estaban y están las principales minas del país. Aquí los portugueses compitieron con los espanyoles para ver quién la hacía más gorda y mandaba a más esclavos a una muerte casi segura. Supongo que ganaron los espanyoles (con las minas de Potosí, Bolivia, por ejemplo), porque habían empezado antes. Aún así, en términos de producción, las minas de Brasil fueron muy importantes y hubo un momento en que representaban una parte muy significativa de la producción mundial de oro. Como suele suceder cuando hay mucho oro de por medio, brasileiros (que en aquellas fechas viajaban con pasaporte portugués) y portugueses tuvieron sus más y sus menos, se hicieron muchas barbaridades con esclavos locales y africanos y se erigieron muchas iglesias para dar gracias y tener la protección de los dioses.
(la iglesia de Sao Francisco de Asis, en Ouro Prêto)
Las historias relativas a la explotación de las minas, la esclavitud y la construcción de las iglesias suelen ser muy interesantes. Otro de los puntos de interés son las iglesias de estilo colonial, a menudo con alguna participación de un tal Aleijadinho ("lisiadito" o "mutiladillo", porque el pobre siguió trabajando y creando a pesar de diversas mutilaciones en sus extremidades), uno de los grandes artistas de la historia del país. Por último, en Brasil tiene también muy buena fama la cocina mineira, rica pero muy pesada: arroz, frijoles (aquí feijão), mucha carne de cerdo, huevo frito, pollo...
En Minas Gerais hicimos dos visitillas: Ouro Prêto (Oro Negro) y Congonhas.
(vista de Ouro Prêto desde la pousada donde estábamos)
Ouro Prêto me encantó, es una ciudad muy bonita. Está a más de 1.000 metros de altura, en una zona llena de verdes colinas, lo cual implica que es difícil encontrar un metro plano y que hay que estar continuamente subiendo y bajando por empinadas cuestas. Sin embargo, vale la pena: la ciudad es muy tranquila y está llena de iglesias. El resto de edificaciones también está bien, por lo general, y respeta el ambientillo colonial que se respira, con predominio del color blanco. Se hace muy agradable pasear por Ouro Prêto, visitar sus iglesias, tomar algo en sus cafeterías en antiguas casas coloniales...y comer. La comida mineira , como decía, es de las más sólidas/pesadas que recuerdo pero, dentro de su género, hay que reconocer que está todo muy bueno.
Debido a lo accidentado del terreno, suele haber buenas vistas del resto de la ciudad –iglesias incluídas- desde diversos puntos.
Un aspecto curioso de Ouro Prêto (y común a otras localidades de la zona como Ouro Branco y Congonhas) es la numerosísima presencia de coches VolksWagen “escarabajo” (aquí llamados Fuscas), de diversos colores y épocas: supongo que deben tener un buen motor para no quedarse enmedio de las rampas y que su precio debe entrar dentro de lo razonable.
(el parque automovilístico, la mar de colorido)
Aparte de las iglesias, en Ouro Prêto visitamos también una mina, la de Chico Rei, que tiene una historia interesante: de jefe de su tribu en África pasó a ser esclavo en las minas de Ouro Prêto y, a base de su trabajo, don de gentes, fervor religioso y un poco de suerte, acabó liberándose a sí mismo y al resto de su tribu; trabajó en la mina que daba más oro de toda la ciudad. Esa mina es la que visitamos: habiendo estado recientemente en una mina aún activa, en Bolivia, donde pasamos varias horas bajo tierra, este paseo de diez minutos fue un tanto descafeinado. Lo interesante es la historia.
Y de Ouro Prêto, el punto álgido de la semana, a Congonhas, quizás el día menos afortunado que tuvimos. Empezó todo muy bien, visitando la iglesia, con las famosas 12 figuras de los Profetas del escultor Aleijadinho, que quizás son la obra de arte más destacada de todo Brasil (eso dice mi guía de viajes). La iglesia, las seis capillas y las doce figuras me gustaron.
(vista general de la iglesia/basílica y los 12 Profetas)
(un profeta)
El problema es que, a las 12 del mediodía, ya habíamos acabado nuestra visita...y que el autobús para Río de Janeiro no salía hasta las 00.30h de la madrugada. Nos quedaban, pues, doce horas en Congonhas, que aparte de la iglesia no tiene gran cosa que ofrecer, menos aún en domingo cuando casi todo está cerrado. Ya venía con sueño del viaje y el día se me hizo largo como pocos: no había nada que hacer. Pasamos varias horas en un restaurante, luego nos fuimos a un café-internet hasta que cerró a las 18h y acabamos con cinco horas en un bar (antigua estación de trenes: los trenes ya ni paran en Congonhas) bastante agradable.
Congonhas me pareció un pueblo provinciano, escasamente preparado para el turismo, con una pobreza muy palpable que a veces se hace incómoda y poco que ofrecer aparte de los famosos Profetas y la iglesia, que sí valen la pena. Un buen lugar para vivir, vamos.
Y de Congonhas, de vuelta a Río de Janeiro, donde nos ha recibido la lluvia pero donde no faltan cosas que hacer. Este sábado, día 26, sin ir más lejos, se cumplirá un año y un día (suena a condena, pero no lo es) desde que pisé Barcelona por última vez. Pues bien: ese mismo día hay un concierto de mi admirado Jorge Ben Jor, al que iré con algunos amigos y amigas; será una pequeña celebración y el recordatorio de que esto se va acabando y que hay que aprovechar lo que queda, que no es poco. Jorge Ben Jor parece ser el único de los muchos músicos brasileños que me gustan que se digna a hacer conciertos cuando yo ando por aquí: ya tuve ocasión de verle en directo el año pasado.
También se nos viene encima el carnaval y el otro día ya estuve en un acto pre-carnavalesco, en el popular barrio de Lapa, con un grupo de amigas y amigos. El Carnaval de Río, para mi y para otros muchos, son los desfiles de las bandas de música –blocos- por las calles, las fiestas callejeras o semi-callejeras en Lapa y los conciertos en locales más o menos cerrados, empezando mucho antes de la propia semana de carnaval. Los desfiles de las Escuelas de Samba en el sambódromo son sólo un aspecto más de todo el show, aunque es lo único que se ve desde fuera de la ciudad. Tampoco estuvo mal, el año pasado, una fiestecita a la que fuimos, en la playa de Leblon.
Así fueron las cosas y así se las hemos contado: como nos ha dado la gana.
Besos y abrazos!
Hugo
13 enero 2008
12 meses, 12 afotos...y me voy unos días de Río de Janeiro

mar.07: con Fran (mi amigo canario) y nuestras amigas de Rosario (Arg.)

abr.07: partidito de fútbol en Purmamarca, al norte de Argentina
may.07: con mis amigos suizos, en el cementerio de trenes cercano a Uyuni, Bolivia


ago.07: el elefante auto-lavable, en una plantación de especias, en Kerala, Sur de la India
sept.07: en mi cápsula de Tokyo, una bonita imagen en panyos menores
oct.07: el amigo de los ninyos en Luang Prabang, Laos
nov.07: dos hermanos (o hermanas) en Pushkar, Rajastán, India
dic.07: la inauguración del árbol de Navidad en la Lagoa de Río de Janeiro